Ab intra

Arte

AB INTRA

La mente, llena de espacios infinitos, imágenes atemporales y paisajes irreales.

Nos dejamos atrapar por las abstracciones que nos habitan, las que sólo existen al volver la vista hacia dentro. Conforman ese cielo incomprensible presente en todos y en todos diferente. A modo de autorretrato, ofrezco una visión personal de este universal.

Cielos ambiguos, indefinidos, invisibles. Como los estados de la mente, meditativos y cambiantes, transmitiendo movimiento aunque sea una imagen en calma. Una calma aparente que se mantiene dentro de los caminos que constantemente crean y destruyen las nubes, los pensamientos. Sabemos qué rumbo van a seguir pero no qué forma van a adoptar. En esta evolución imparable parece que los amaneceres lo serán eternamente, los crepúsculos se detienen y el tiempo se congela, aquí perdemos la sensación de temporalidad, en un mundo que parece paralelo, que, como nuestra mente, siendo íntima, en ocasiones se vuelve ajena. Un mundo interior condicionado por el exterior, aún incompatibles, se necesitan mutuamente, ambos se rigen en función del contrario.

Como suelo sustentante de estos espacios representados, la arquitectura, siempre presente, geometrías urbanas, irreales dentro de la realidad. Los pilares de el aquí y el ahora, lazos que nos atan de manera irremediable los pies a la tierra, determinando nuestros pasos a la par que nuestras decisiones. Como en las obras de Chirico, parece el único vínculo entre dos entornos, el conocido y el que está por conocer.

La geometría sin edad, nos acerca más a su infinitud que al tiempo que pasa a su alrededor en este espacio onírico, lugar que dentro de su existencia es inexistente, imposible, igual que en las creaciones de Delvaux, donde lo que existe sólo lo hace en el plano del pensamiento, y tal vez en el de la obra.

Esta divide el espacio, señalando ejes y planos, como la lámpara de los Arnolfini, convirtiéndolos en visibles. Se convierte en el espacio organizador del mar espacial sobre el cual se sustenta la persona, la figura, la identidad propia, permitiendo que se asome al infinito con seguridad.

En ese mirador inconstruible también vemos la simetría que todos buscamos, la dualidad a la que inconscientemente tendemos, el equilibro que perseguimos tanto dentro como fuera de nosotros mismos.
Abrazando la imagen, la luz, acorde en toda ella, creando un único todo, que permite el uso de la artificialidad medida, ya que tiene como motivo recrear una irrealidad única e intangible a partir de una realidad global.